CARTA A MI ANGEL
Querido angel,
Esta noche he velado yo por tus sueños. Junto a tu cama, al lado de tu almohada, susurrándote al oido, te quiero vida mía, no dejaré que nada malo te ocurra.
Estabas plácido, sereno, con esa sonrisa que te persigue todo el día y que tanto me gusta. Se te notaba enamorado, feliz. Tu rostro se iluminaba con la plateada luz de la luna, como si no hubiese otra cosa más bella en la habitación. De hecho no la había, sólo tu cándida tez tumbada sobre la almohada. Tu brazo, alargado sobre la cama, parecía abrazar a alguien, de forma tierna, amorosa.
Comprendí que era a mí a quien abrazabas, y me sentía feliz. Aún en mi ausencia, notaba como eras capaz de transportarme en espíritu, a lu lado. Y descansaba junto a ti, sereno y contento. Sentía tu aliento en mi nuca, tu amor en mi cuerpo. Que placer!!!
Desde el lado de la cama que te observaba, me fui retirando, lentamente, feliz de haberte visto de nuevo, en mis sueños. Pero antes un beso en la frente, otro en la mejilla y finalmente en los labios. Casi te despierto. Tu sonrisa se hizo más patente, como si lo hubieses notado. Que feliz me haces amor mío.
Lentamente, me alejo de tu almohada, con la tranquilidad de que están bien, descansando. Soñando que un ángel llega y te besa. Quizás, ese angel he sido yo.
Al salir de tu cuarto, me vuelves a sonreir, como dándome las buenas noches. Te lanzo un beso, me sonries de nuevo, dormido, sereno.
Vuelvo a casa, y descanso. Mi amor está tranquilo. Volveré mañana y de nuevo velaré su sueño.
Descansa, amor mío.
4 comentarios:
No sé... pero que dicha que un ángel te vele. Te bese los labios, te inunde en su dulzura. Que te mire en silencio y no turbe tu sueño. Y sin embargo te haga sentir dichoso, porque aún en sueños presientes su cálido aliento, el roce de sus alas de plata.
Que dicha que un ángel te vele. El mío ha perdido su ruta creo... ojála la halle de nuevo.
Hermoso amigo...
Cuando uno vela por su ángel, y más si es su ángel de la guarda, seguro que éste le devuelve con creces el tiempo que le dedica.
Por cada minuto que le consagras, él te ofrece protección, cariño, ternura, en definitiva amor.
Espero poder ser durante mucho tiempo tu ánges igual que tú eres el mío.
Ni soy ángel ni luzco en los jarrones.
Como la amapola, mi destino es ir uniendo
espigas y corazones.
Pero soy la flor silvestre más feliz al saber de vuestras emociones.
Un abrazo.
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